—¿Cuándo? —comentó Hariella, manifestando molestia en su precioso rostro—. Estoy segura de que pospondrán su venida. No quiero que se coloquen a investigar mi vid y diles que ahora no estoy en el país y que si van, lo harán en vano.
—Está bien, señora. Yo le estaré avisando de cualquier novedad que surja.
—Otra cosa —dijo Hariella, curiosa, aunque ya había dado el mandato hace varios días—. ¿La casa que te mandé comprar, ya la tienes lista?
—Por supuesto, señora. Usted ya puede disponer de ella cuando quiera —dijo Lena, orgullosa por cumplir su trabajo—. No le hace falta nada y he preparado lo necesario para un par de...