Hermes estaba en la empresa, cumpliendo con su trabajo de mensajero, llevando los paquetes a los receptores correspondientes. La rutina del día a día, con su carga habitual de entregas y trámites, tenía un ritmo casi mecánico. Sin embargo, había un momento en particular que siempre lograba romper la monotonía y llenarlo de una emoción contenida: cuando debía ir a la oficina de la CEO, Hariella Hansen.
Cada vez que recibía esa tarea, sentía un pequeño salto de emoción en su pecho. Caminaba por los pasillos de la empresa con pasos decididos, mientras sostenía los documentos en sus manos, anticipando ese breve encuentro con la poderosa directora. Al llegar a...