—¿Cómo has podido dejarlos solos, Amelia? Mis hijos están caminando en este aeropuerto sin nadie que los acompañe.
—Señora Hariella —dijo una mujer con vestimenta de trabajadora de la aerolínea, acompañada de un grupo de tres más—. Ya su proceso ha terminado, llevaremos su equipaje hasta su auto.
Hariella los miró y no les dijo nada.
—Hazte cargo, Amelia. Yo iré a buscar a Helios y a Hera.
Hariella salió corriendo de manera desesperada a buscar a sus mellizos. Tanto se esforzó al tratar de encontrarlos, que ya su pecho brincaba de forma agitada y su corazón latía acelerado. El sudor ya le empezaba a nacer de los poros de...