Narra Gregory.
—¡Qué hermoso gemido!, quiero seguir siendo el dueño de muchos gemidos parecidos a ese que me acabas de regalar, pero eso no evitará que te castigue —le dije excitado y desesperado por estar dentro de ella.
No la dejé responderme porque en ese instante Dante e Ismael llegaron en una camioneta cargando la escalera que les pedí.
—¿Amigo cuál es la nueva locura que tienes en mente? — me preguntó Dante sonriendo al ver la escalera.
—Quiero darle una lección a la pequeña Elizabeth — le conté a medida que tomaba la escalera.
—Piénsalo mejor, Gregory no sabes si su esposo está dentro de esa casa con ella...