Narrador.
Edward se había pasado todo el día con un humor de perros, sus empleados comentaban entre sí acerca de su cambio de humor, preguntándose qué tenía al señor O’Higgins tan enojado.
Edward no encontraba una explicación para estar de tan mal humor.
—Edward explícame: ¡¿qué demonio significa esto?! — reclama Jacob, abogado de Edward y su mejor amigo.
—¿Jacob dime de qué se trata?, y luego te quejas— le solicitó Edward masajeando su sien, estresado.
—Resulta que te casaste sin informarme nada y el abogado de tu querida esposa te ha enviado una citación para la anulación de tu matrimonio ¡¡bravo Edward!! — le anunció Jacob aplaudiendo decepcionado de Edward y sus decisiones alocadas que solo le hacían más daño a su empresa y le sumaban más trabajo.
—¡Maldición!, le arrancaré los pelos a esa mocosa insolente — gritó Edward dándole un golpe a su escritorio y todos sus empleados asustados escuchaban a su jefe estallar cosas, este comportamiento no era digno de Edward porque siempre estaba callado y muy serio.
Edward salió de su oficina para ir a buscar una de sus amantes para descargar parte de su enojo por qué si llegaba a su casa así cometería un error y él nada más quería el dinero de Elizabeth, no quería matarla, se dijo así mismo que esa moscosa fea no valía la pena.
Narra Edward.
Marina es una modelo famosa y también es mi amante favorita.
Llegué a casa de Marina y no la deje abrir bien la puerta, la agarre por el cuello y comencé a besarla con furia queriendo descargar todo mi enojo en ese beso, empezamos a tener sexo y yo solo podía pensar en Elizabeth en sus labios que ahora me parecen hermosos, en cómo se vería sin toda esa ropa puesta y de tanto pensarla ya no me estaba follando a Mariana sino a Elizabeth y empecé hacerle el amor de manera tierna y soltando un gemido dije su nombre extasiado, pero ese fue un gran error por qué Marina se alejó de mi muy molesta.
—¿Quién es esa zorra que acabas de mencionar?, Edward — me reclama Marina furiosa.
—Estoy muy estresado, no me acuerdo a quién he mencionado —le mentí tratando de besarla, pero ella se puso una bata de seda.
—¡No me quieras ver la cara de idiota!, mejor vete con esa tal Elizabeth que al parecer te tiene delirando —me alejó rápidamente dejándome solo en su habitación.
¡Maldición! ¿Ahora qué demonios me pasa?, tampoco puedo dejar de pensar en lo que me dijo Elizabeth ayer.
«Estoy enamorada de un hombre desde hace 4 años» Pensamiento que retumba en mi cabeza como si mi cerebro me estuviera jugando una broma.
«¿Quién será el maldito del cual la fea está enamorada?» Me preguntaba una y otra vez
Al llegar a mi casa le pregunté a mi nana Cristina por Elizabeth y Cristina me miraba sorprendida.
—En- yo…… Yo. — No lograba pronunciar una palabra coherente.
—Si, tuuuuu —me afirmó Cristina sonriendo.
—Sabes que déjalo, total, yo no quiero saber nada de ese bicho raro, con que no salga de su habitación, yo estaré más que conforme porque no quiero verle su horrendo rostro —le manifesté sin dejar de avanzar a mi habitación con planes de tomar un baño para quitarme el olor del perfume de Marina.
Estando en la ducha, mi cabeza me volvió a jugar una mala broma, mientras me estaba enjabonando el cuerpo, me llegó la imagen de Elizabeth arriba de mí, moviendo su cadera con mi miembro dentro de su vagina y empecé a masturbarme pensando en ella.
Narra Alex.
—Señor, hemos estado investigando como usted lo ha ordenado y el empresario Edward O’Higgins es un corrupto de lo peor según se dice es un mafioso, actualmente está retirado porque ha sido el foco de atención de la prensa y por eso se ha mantenido al margen en estos dos últimos años, pero se dice que es un hombre frío y calculador y cuando quiere algo lo obtiene no importa al costo que sea —me expuso un investigador que he contratado hace 3 días.
—¿Tienes pruebas para poder usarla en su contra y hundirlo en la cárcel? — le pregunté con curiosidad.
—No, señor, ese es el problema que el mafioso, sabe hacer su trabajo, él está totalmente limpio, no hay nada que se le vincule a la mafia, ya que él sabe limpiar sus huellas sin dejar rastros algunos y es hijo de uno de los mejores magnates del país, es decir que si lo arrestan sin una prueba contundente el que se vería implicado en grandes problemas será usted señor Alex —me aconsejó el investigador dejando unos archivos encima de mi escritorio.
—Bueno, de todos modos, muchas gracias por su excelente trabajo, al menos sé aquí me estoy enfrentando y si logra investigar algo más se lo agradecería — le dije haciéndole entrega de un cheque.
—Es un placer trabajar para usted Alex Jones y si logro investigar algo más se lo haré saber —me contó estrechando mi mano y saliendo de mi oficina.
Me urge sacar a Elizabeth de la casa de Edward, no quiero que él la pueda tocar, no lo soportaría porque he estado enamorado de Elizabeth desde hace cuatro años, yo sé que ella es una mujer muy hermosa y tierna, pero los maltrato y los trauma a lo que ha sido expuesta la hacen sentir miedo de vivir normal y tengo la ilusión de ayudarla a rebasar su enfermedad.
Narrador.
Samantha seguía visitando a Elizabeth con ayuda de la nana de Edward, quien no estaba de acuerdo con la injusticia que estaba haciendo Edward contra Elizabeth y aunque habían sido muy pocas las terapias que Samantha le había dado a Elizabeth, estás le estaban sanando muy rápido tanto así que la misma Elizabeth tiró todos sus guantes al bote de la basura lo que antes era imprescindible para ella hoy lo votaba como si fueran cosas sin ningún valor.
Narra Elizabeth.
Estoy ansiosa esperando a Samantha quien me ha ayudado muchísimo a superar mi enfermedad, incluso tengo deseos de salir a caminar y conocer esta hermosa isla, pero no quiero que Edward se entere de mi progreso, tengo miedo a que le haga daño a Samantha por ayudarme.
—En qué piensa la hermosa Elizabeth — me elogia Samantha a la vez que entra a mi habitación con unas bolsas en la mano. Y me sentí burlada cuando me dijo hermosa porque soy todo menos eso, me sentiría mejor que me dijera fea o mosco raro como estoy acostumbrada a ser llamada por las malas personas que conozco y aunque sé que es su modo de insultarme, ya no me molesta.
—Hola, Sam, estaba contando los minutos para volver a verte porque ahora estar encerrada aquí solita se me hace difícil — le confesé al mismo tiempo que le daba un beso en la mejilla como acostumbramos a saludarnos. Aunque antes estar sola y encerrada para mí era lo mejor, ahora el encierro me aturde y desespera.
—Eso es bueno Eli, eso solo significa que hemos avanzado un montón con las terapias y pronto tu enfermedad va a desaparecer por completo. Si quieres podemos salir, mi hermano no está en la casa, me dijo Cristina — me propuso Samantha emocionada.
—Está bien, pero será un paseo rápido porque no quiero que tu hermano sepa que ya estoy mejor —le pedí sonriendo.
—Ponte esto —sugirió pasándome un vestido hermoso.
Me quedé mirándolo con deseo de ponérmelo, pero no quiero cambiar mi manera de vestir mientras viva en esta casa, siento tanto odio por Edward que no quiero darle el beneficio de ver que en realidad no soy una mujer fea, quiero que se quede con el mismo criterio que tiene sobre mi
«Cosa horrible» Cómo me dice él.
—Sam lo siento, pero no usaré ese hermoso vestido mientras viva aquí con tu hermano. Te prometo que seguido salga de aquí me lo pondré y la primera foto que me haga será tuya.
— ¿Qué dices? — le pregunté deseando que mi negatividad no le hiciera sentir mal.
—Tienes razón, vámonos, pero es un trato, la primera foto será mía, ja, ja, ja — me pidió agrandando los ojos sin dejar de reír y con rapidez agarró mi mano.
Sam le pidió a la señora Cristina que la llamé si el ogro de su hermano regresa en lo que estamos fuera de la casa, Samantha me llevó a una playa preciosa y era primera vez en muchos años que me sentía libre y sin ataduras podía respirar sin sentir miedo, me quite los zapatos para sentir la arena bajo mis pies y corrí como un cachorro cuando lo dejan libre, veía a Sam sonreír mientras yo corría por la orilla de mar dejando que la brisa se llevara parte de mi antigua, me solté el pelo para sentir como la brisa lo hacía volar y emocionada grite al aire:
—¡Nunca dejaré que nada me destruya nuevamente!— Y de mis ojos brotaron lágrimas de alegría.
Narrador.
Edward asistió a la citación puesta por Alex Jones, el abogado de Elizabeth,
En el tribunal ya lo estaban esperando su abogado y los tres jueces que llevarán el caso sobre la anulación del matrimonio.
—Señor O’Higgins, qué opina usted sobre la demanda de anulación de su matrimonio.— interrogó uno de los jueces a Edward.
—Primero que nada, buenas tardes a todos.— Dijo Edward mostrando ser muy educado.
»Yo no estoy de acuerdo con dejar a mi esposa Elizabeth porque me he casado con ella porque la amo demasiado. —Puntualizó Edward muy tranquilo, aunque está tan molesto que siente que va a reventar por dentro.
—Mi cliente, Elizabeth Marít, me ha informado que este matrimonio se llevó a cabo bajo amenazas por parte de su tía y que usted le ha dicho que se quedará con la herencia que se le entregará a mi cliente dentro de 5 días. — Alex presentó el caso con la esperanza de que esa información le ayude a ganar el caso.
—Abogado Jones, tiene usted prueba de lo que acaba de decir, porque usted está acusando a mi cliente de estafa.— contraatacó el abogado de Edward.
—No, solo tengo a mi cliente Elizabeth Marít como testigo. — Respondió Alex desesperanzado.
—Abogado Jones, ¿por qué su testigo que viene siendo la víctima no puso una denuncia contra su tía o su esposo, el señor O’Higgins?— Le preguntó uno de los Jueces a Alex.
—Mi cliente Elizabeth Marít está enferma de hafefobia y desde su niñez se ha pasado la vida encerrada, aún sigue teniendo la mentalidad de una niña y para ella personas como su tía o su esposo la maltraten, es algo normal si es lo único que ha recibido después de la muerte de sus padres, lo que le quiero decir con esto su señoría es que mi cliente solamente es una persona que no sabe que poniendo una denuncia se puede librar de personas que solo les hacen daño.— Le explicó Alex al juez para tratar de convencerlo.
—Usted no tiene pruebas para probar su testimonio contra el señor O’Higgins y su argumento no tiene validez, ya que una persona con ese tipo de enfermedad puede comprender lo que está bien y lo que está mal y su cliente debió de estar presente porque ella es la cónyuge del señor O’Higgins. También tenemos el testimonio jurado del juez civil que llevó a cabo este matrimonio, confirmando que su cliente afirmó no estar bajo ninguna amenaza ni influenciada por nadie, siendo así doy por terminado este caso por la falta de pruebas por la parte acusatoria, se finaliza la sección.— Manifiesta uno de los Jueces fallando a favor de Edward.
Edward sonrió con malicia pensando en que hizo bien al sobornar a los Jueces.
Saliendo del tribunal, Alex no se contuvo y le dijo a Edward que no dejará que él se quede con nada y mucho menos con Elizabeth, entonces Edward comprendió que el abogado está enamorado de Elizabeth y le respondió.
—Cada vez que le hago el amor a mi esposa me dice que ella me pertenece solo a mí, si tienes dudas de mis palabras te grabaré un audio para qué la escuché gemir y decir que es mía.
Alex tenso la mandíbula, aunque él sabe que todo eso es mentira, siente coraje por no poder partirle la cara a Edward.