Tara Orr y Logan Hotman eran una pareja que desafiaba las convenciones tradicionales del amor. Su relación estaba marcada por la rebeldía y la aversión hacia las promesas de amor eterno y los gestos cursis. Para ellos, la monotonía y las formalidades no tenían cabida en su conexión.
Lo suyo era una promesa diferente, una dedicada a la aventura, las noches llenas de risas, alcohol y momentos intensos de pasión desenfrenada. Su complicidad se basaba en una conexión más profunda, una comprensión mutua de que su relación no seguiría las normas preestablecidas.
Ambos tenían mentes libres, y el compromiso convencional les parecía tedioso. Optaban por vivir en el presente, disfrutando cada momento sin preocuparse por el futuro. Aunque su enfoque desinhibido les proporcionaba una sensación de libertad, también planteaba desafíos únicos para su relación.
Su historia era una exploración de los límites de la convencionalidad en el amor. Sin decir "te amo" con solemnidad, Tara y Logan encontraban la conexión en la espontaneidad, la risa compartida y la aceptación de sus peculiaridades. Su relación, lejos de lo común, era un testimonio de que el amor puede adoptar diversas formas y encontrar su propia definición fuera de las normas establecidas.
El encuentro de Logan y Tara en el mundo de la moda fue como un destello de química instantánea. Logan, un talentoso fotógrafo, y Tara, una deslumbrante modelo, se cruzaron en el escenario de un trabajo. La conexión fue inmediata, un gusto a primera vista que fue más allá de la mera colaboración profesional.
La atracción física entre ellos era indiscutible, pero había algo más que los unía. Eran tal para cual, compartiendo una energía y una vibra que trascendían los flashes de la cámara y las pasarelas. La complicidad se construyó no solo en los sets de fotografía, sino también en los momentos de pausa, las risas compartidas y las conversaciones que iban más allá de la superficie.
A medida que sus mundos profesionales colisionaban, Logan y Tara se encontraron explorando una conexión que iba más allá de lo físico. Descubrieron que, aunque sus carreras pudieran llevarlos por caminos diferentes, el imán que los unía persistía. Su historia se convirtió en una fusión de creatividad, pasión y un entendimiento mutuo que se desarrolló a medida que compartían más que solo proyectos profesionales.
Esta relación, forjada en el entorno artístico y caótico de la moda, era una mezcla de intensidad y espontaneidad. Su historia, que comenzó con una chispa en el mundo de las imágenes y la moda, se convirtió en una travesía única donde la atracción inicial evolucionó hacia algo más profundo y significativo. La conexión entre Logan y Tara iba más allá de las convenciones de una relación tradicional. Aunque llevaban juntos cinco meses, su vínculo no seguía los patrones usuales. No estaban atados por etiquetas o expectativas; más bien, disfrutaban de la libertad de simplemente pasar buenos momentos juntos.
No existían formalidades ni compromisos que pesaran sobre su relación. Ambos compartían lo que más les gustaba, encontrando una especie de plenitud en la simplicidad de disfrutar el presente. Esta libertad los mantenía unidos de una manera única, sin las presiones típicas de una relación convencional.
Cada encuentro era una celebración de la individualidad y la conexión espontánea que compartían. Ninguno de los dos había experimentado tanta libertad en una relación antes, y esta sensación de plenitud los hacía sentirse más unidos que nunca. No necesitaban definiciones o compromisos formales; encontraban su felicidad en el disfrute mutuo y la aceptación sin restricciones.
Su historia, lejos de los caminos trillados, demostraba que la autenticidad y la libertad podían ser los cimientos de una conexión significativa. Aunque no seguían el guion típico de una relación, Logan y Tara encontraban su propia forma de plenitud en la sencillez de compartir momentos y disfrutarse mutuamente.
—¿Recuerdas las orgías a las que asistimos con las universitarias? —Tara mencionó mientras estaba en su portátil, sentada en la sala.
—Sí. ¿Por qué? —Logan musito sin alejar la vista de la televisión, estaba buscando que ver. Esa tarde había terminado temprano una sesión de fotografíca y lo único que quería en ese momento era descansar y distraerse.
—La chica pelirroja de esa vez me está invitado a una fiesta que va a hacer el fin de semana. —Tara sonrió algo entusiasmada. Logan soltó un mohín nada convencido—. Sabes como terminan esas fiestas. —Trató de persuadirlo al ver que no estaba del todo convencido.
—Aquellas veces no estuvieron tan buenas como creí que estarían, así que no. Si quieres ir tú, está bien. —Siguió buscando en la televisión.
Tara cerró su portátil de manera ruidosa y de malas, dejándola aún lado del sofá. Se subió sobre Logan a orca jadas y le quito el control remoto para que le hiciera caso.
—No sé que hacer contigo, me rindo. —Exclamo frustrada—. Deja eso por favor. —Aún seguía viendo hacia el televisor.
—Vale, te pongo atención. —Se disculpó tomando a Tara por la cintura. Le dio un beso fugas en los labios y ambos sonrieron.
—¿Qué quieres hacer entonces? —Se encogió de hombros. Logan se tomó el mentón pensativo.
—¿Por qué no vamos a tu club y escuchamos la presentación de Lucas, mientras pensamos en algo más divertido que hacer? —Alzó una ceja expectante.
—Sería bueno. —Tara sonrió y empezó a desvestirse—. Pueda que nos encontremos con Bruno y su novia. —Logan entorno los ojos, no tenía nada en contra del amigo de su novia, pero la verdad no era de su agrado—. Apenas ayer lo vi, después de mucho tiempo. Ya sabes, se volvió un mandilón.
—¿Y por qué será? —dijo sarcástico.
—Supongo que el amor. —Tara sonrió y Logan casi se echa una carcajada.
—O tal vez la chica sea muy buena en la cama. —Tara empezó a besar el cuello de su novio.
—Es muy linda y sexy, además de ser muy exitosa. —Logan soltó un gemido en cuanto Tara comenzó a menear sus caderas de enfrente hacia atrás.
—¿La conozco? —Ahora su curiosidad había surgido.
—Deberías, sale en todas las revistas de negocios. —Logan tomó el culo de Tara y lo apretó con decisión, para que el roce fuera más intenso.
—Pues debería conocerla. —Sonrió y beso a su novia con lujuria desenfrenada, la recostó sobre el sofá, deshaciéndose de toda prenda que estorbara entre los dos.
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Mía alzó su celular y le marcó a Bruno, era una persona muy impaciente, aunque se imaginaba lo peor era mejor saber en ese momento a estar todo el día con la incertidumbre. Su corazón latió fuerte al escuchar cada tono de llamada y escuchar un "Hola" del otro lado del parlante.
—¿Qué pasa? —Dijo nerviosa. Hubo silesio y luego una risa nerviosa. Mía frunció el ceño. ¿Eso era una buena señal?
—Verás amor. ¿Recuerdas a Tara? Mi amiga de la universidad...
—Sí. La supermodelo. —Mía respondió llevándose el lápiz de madera que sostenía entre sus dedos, a su boca.
—Ella tiene un club en el centro de la ciudad y quería saber si querías ir un rato y despejarte de lo sucedido anoche. —En otra situación la rubia se hubiera negado, pero no ahora que su relación estaba tan mal, así que accedió.
—Claro, cariño. —dijo con dulzura.
—Genial. Pasaré por ti a las diez de la noche. ¿Está bien? —Bruno estaba tentando terreno del otro lado.
—Está bien amor. Te amo. —Bruno colgó sin responder el afecto, aun así Mía sonrió emocionada, no le gustaba salir, pero por su novio haría el intento de pasarla bien y resolver sus problemas porque de verdad no lo quería perder.
Se puso en marcha sobre sus asuntos del día, al menos podría trabajar con más tranquilidad sabiendo lo que Bruno había querido decirle esa mañana. A las seis en punto tuvo su última cita con una pequeña familia que había adquirido una casa en los suburbios. Después de eso, regreso a su apartamento donde se duchó, eligiendo un vestido acorde al lugar donde irían, la mayoría de su guardarropa gritaba elegancia y oficina, juvenil para su edad, pero recordó que tenía un hermoso vestido rojo que le llegaba justo debajo de los muslos, lo demasiado corto para llamar la atención de cualquier hombre.
Se maquilló y peino, plancho un poco su cabello y se puso unas zapatillas altas, color plata, mientras estaba en ello escucho la cerradura del apartamento, abrirse, avisándole que Bruno había llegado por ella, sonrió sobre el espejo, le gustaba su aspecto aunque siempre recordará lo que había debajo de este. Negó con la cabeza desasiendo cualquier pensamiento dando vuelta cuando Bruno entró a la habitación, el castaño la escudriñó de pies a cabeza y sonrió al ver lo hermosa y sexy que era su novia.
—¿Lista? —Mía asintió mientras tomaba la mano de su novio. No tenía idea de lo que le esperaba en aquel club.
Mia corrió hacia su novio recibiendolo con unos castos besos en la boca, quería comportarse amoroso, no quería pelear más y esperaba que Bruno también tuviera esa idea. Por suerte no dijo nada, incluso no diría nada de su atuendo, esta vez no se había vestido tan mal, no como aquellas veces que salían y Mia siempre solía usar sus faldas plisadas largas y esas blusas que no mostraban nada en lo absoluto, incluso podría decir que estaba sorprendido de lo bien que había escogido su atuendo. Se veía muy sexy.
Bruno abrió la puerta del copiloto para dejar entrar a su novia y después el subir del otro lado, manejando de forma serena, quería que esta noche fuera memorable, tal vez podrían llegar hacer algo divertido, la idea le pareció estupenda y sonrió.
—¿Estas feliz? —Mía pregunto al ver la sonrisa reluciente de su novio.
—Tengo expectativas de esta noche. —Lo admito, tenía que saber desde ahora si Mia se podría en modo monja de nuevo o mejor desesharia cualquier esperanza desde ahora—. Prometes soltarte un poco. —La rubia dudo, no creía que fuera más que solo beber y bailar, no tenía problema alguno con eso.
—Lo prometo —dijo entusiasta y Bruno sonrió con más ímpetu.
Llegaron al club, el ambiente estaba en su máximo apogeo, le entrego las llaves a uno de los valet parking y tomo a su novia de la mano para entrar al lugar, donde resonaba la música a su máximo esplendor, algunas personas estaban bailando junto a sus mesas, otras en la pista de baile y otros más solo se dedicaban a tomar el mayor alcohol posible como si no hubiera un mañana.Sus ojos poco a poco se vieron cegados por las luces de colores, era difícil incluso caminar por el lugar, cualquier paso en falso y estaría besando el suelo.
—Pero mira a quien tenemos aquí. —Un hombre igual de corpulento que Bruno, se le acercó saludandolo con efusividad. El castaño no tuvo problema en regresarle el saludo de igual manera, soltado así la mano de Mia—. Caramba. ¿A caso Tara planeo un recuentro y no me comento? —Bruno solto una carcajada, su viejo amigo Brad era el ex capitán del equipo de fútbol americano en su antigua universidad, hacia más tonterías de las que decía pero siempre había sido un buen compinche.
—Al parecer así lo es. —Palpó su hombro, aun estaba emocionado de verlo ahí.
—Pero quien es esa preciosura que esta detrás de ti. —Brad alzo una ceja y miró a Mia barriendo su aspecto con la mirada. Esta alzo una de sus manos como saludo y sonrió amistosamente—. Soy Brad preciosura. —Estaba emocionada de conocer a los amigos de Bruno, era extraño por que el no la había presentado con nadie, ni siquiera con sus padres, siempre alegaba que se la pasaban de viaje sobre un crucero o cualquier cosa que se le ocurriera, a veces pensaba que no quería presentarla con ellos por que le daba vergüenza su aspecto.
—Bueno, deberíamos buscar a Tara y preguntar que significaba esto. —Brad río de nuevo, esta vez era un poco más fingida y exagerada. Bruno volvió a tomar la mano de su novia y la llevó hasta una de las terraza.
Se sorprendió mucho cuando miró a varios amigos ahí. ¿Qué estaba pasando? Se preguntó el castaño.
—Vaya, a quien me vengo a encontrarme, chico que gusto. —Max se acercó a los aludidos con una botella de Vodka en la mano y un bazo en la otra, definitivamente había invitados inesperados. Bruno se puso más nervioso, y empezó a reír como loco. Mia parecía estar complacida era la primera vez que conocía a amigos cercanos a su novio.
El castaño le extendió una copa para que la tomara con firmeza y le sirviera un trago.
—Y otro para la bella dama. —Max se dirigio a Mia quien le sonrió como saludo, tomando también una de las copas con alcohol. Ella no tomaba, solo lo necesario, nada para perder la noción del tiempo o no saber lo que había ocurrido al otro día, así que una copa no le haría nada.
—¿Pero como? ¿Cuándo? —Bruno estaba pasmado, aún no entendía por qué estaba ahí. Tenía que haber sido Tara.
—¿Quién crees que sea la culpable de que estés hoy aquí? —Brad alzo la mano, señalando a su espalda.
—¡Chicos! —La voz de Tara se escucho detrás de ellos. Ella iba caminando como toda una diosa de la mano de Logan. Todos le sonrieron. Era la reina de la fiesta—. Bruno... amigo, pensé que no vendrías y no vienes solo. —Su sonrisa socarrona y algo burlesca llamó la atención de Mia, pero más que eso su atención fue puesta en aquel chico de cabello negro, alto, cuerpo atlético y ojos enigmáticos que la contemplaron. Mia se sintió perdida y luego parpadeo varias veces para desviar su mirada y no ser tan obvio al respecto.
Bruno hizo un gesto nada amigable cuando se encontró con Logan, haciéndole entender a Mia que el chico no era del agrado y se preguntó por qué. Un grito desde la piscina llamó la atención de todos en aquella terraza. Todos se levantaron de su lugar mirando al joven abrió que había caído a esta.
—Apenas llegas y ya te ebrigaste. No tienes remedio Samuel. —Tara se paró en jarra mirando a su amigo, desvió su atención hacia Brad y Max para que lo ayudarán, estos búfalos y juntos alzaron el cuerpo mojado y ebrio de Samuel.
Bruno se acercó a Tara dejando a Mia sentado en una mesa, mientras degustaba su bebida. El castaño necesitaba un explicación.
—¿Por qué carajo invitaste a Brad y Max? —pregunto serio, ambos observaban como Samuel se setaba en una de las sillas y se recostada en otra, había llegado a su lomite y ni siquiera era media noche. Tara se cruzó de brazos y miró a Bruno de soslayo.
—¿Aque le temes Bruno? —pregunto con su mirada encanta. El pasado podia regresar a él.