Entonces comenzó ese vacío en mi interior que no se llenaba con nada, estaba desmotivado y la verdad todo me daba igual. Tuve crisis constante de ansiedad y depresión, noches en velas que siquiera me dejaban dormir en paz, todos los días debía convivir con ellas y no lo soportaba ni un minuto más. Tener recaídas es lo peor que puede pasar, olvidas todo lo que avanzado y te pierdo de nuevo. Estaba acostumbrado a la compañía de mi madre, pero al morir me consoló saber que no estaba solo puesto que mi refugio fue el abuelo.
Pero supongo que la vida es difícil, que no es cómo muchas veces...