Ella descubre los bracitos de mi niña, dejando ver que la mitad de ellos están negros, claro signo de la corrupción o al menos el inicio de esta. Aprieto el puente de mi nariz con fuerza mientras resoplo, justamente no le dijimos nada a nadie sobre lo ocurrido en el templo para evitar crear un caos innecesario, pero por lo visto, tendremos que explicarles todo.
—¡Lo vez! Tiene la corrupción en su cuerpo, esta niña no puede ser tuya— Vocifera furiosa y enrabiada.
Observo a los presentes, todos ellos también están muy indignados por el supuesto adulterio de mi Delta; mi madre hablando antes de saber que ocurre, típico de...