¿Y Ahora Qué?
Casi explota dentro de mí, con el poder de derribar estas malditas cuatro paredes. Como una olla a presión que libera vapor después de hervir a niveles excesivos, y llena cada poro y vena mía con una lava ardiente, proveniente de las profundidades del infierno.
Lo odio, más de lo que alguna vez pensé que podría odiar a alguien, y a pesar de estar vinculada e impresa con este arrogante idiota, quiero arrancarle la maldita cabeza de los hombros y patearla escaleras abajo como si fuera una pelota de fútbol.
Esa rabia interna me calienta como un volcán de adentro hacia afuera, mi sangre alcanzando el punto...