Eres Mío
—No, cariño. Soy yo, por todo. Esto es mi culpa. Fallé en hacer lo que debía. No cuidé y protegí a mi mate y ni siquiera me di cuenta de cuánto dolor tenías por un estúpido malentendido. Perdóname, Princesa… Dame otra oportunidad para demostrar que puedo ser lo que necesitas. Lo que mereces.
Mateo se recuesta, deslizando su mano entre nosotros para separarnos un poco, guía sus dedos bajo mi barbilla y inclina mi rostro hacia él para poder mirarme a los ojos. La chica llorosa, en medio de un colapso emocional, y él limpia mi mandíbula con su pulgar para atrapar algunas lágrimas que están a punto...