Levántate
Lloré hasta que mi nariz se mojó, y no podía respirar, empapando la parte superior de mi vestido, porque todavía lo llevaba puesto en ese momento, y el frío húmedo que se expandía por mi pecho a través de la fina tela era extrañamente reconfortante. Reflejaba cómo se sentía mi alma y cómo se filtraba en cada poro. Me sentía sin esperanza, débil y rota, y no tengo idea de cómo superar eso.
Era por Mateo y Sierra también, por su dolor, su pérdida y todo este maldito lío. Por la vida que debería haber tenido, la familia con la que todavía debería haber estado y el compañero en...