Deacon
Lanzo una mirada cautelosa al doctor en la esquina, que se vuelve de un tono más pálido, su ceño se frunce, marcando su rostro con preocupación, y me lanza una mirada evasiva. Echa un vistazo a Mateo y luego regresa a mí, de repente tímido.
—No puede ser Deacon, ¿verdad? ¡Es demasiado pronto! —apunto, pidiéndole que confirme, para calmar mi repentina vorágine de nervios, odiando la aprensión que siento de su parte, pero él traga en seco.
—Puede que haya exagerado un poco nuestro avance, un poquitito. No quería alarmarte y darte razones para dudar de venir conmigo, querida. Si supieras que están pisándonos los talones, por así decirlo,...