Mateo
—Oh querido. ¿Estás completamente seguro de que él…?
—¡Sí, completamente seguro! —interrumpo, imitando su acento inglés con desdén y cortándolo. Como si no supiera el dolor que me atravesó el pecho y casi me mató ese día, y lo que era. Aún no me he recuperado por completo y llevo ese peso constantemente como un pesado sudario que me recuerda eternamente que amaré a alguien que nunca podré tener. Está hurgando en una herida muy delicada y abierta, y no ayuda en nada a mi estado de ánimo.
—Ya veo. Entonces, si él tiene otra, ¿cómo sabes que puedes...? —gesticula hacia su frente, fijando la mirada en la mía,...