Estás a Salvo
—No soy tuya, así que no tienes derecho a hacer ningún tipo de amenazas. Ya no. Y para de actuar así. No es por eso, solo necesitas calmarte y no asustarlo. Él es humano, y no es la razón por la que te pedí que te encontraras conmigo. —Reprimo parte de mi propia ira, suavizando mi voz lo mejor que puedo con este dolor interno constante, recordándome que nunca debo dejar que mi estúpido corazón se ablande por él otra vez.
Agarro el dobladillo de la sudadera negra de Mateo, tirando de él conmigo en lugar de seguir tratando de pasar a su lado, y cambio de...