Se avecina una guerra
—Algo —murmuro sin entusiasmo, y atrapo un atisbo de una sonrisa encantadora en su rostro, haciéndolo más guapo. Me observa divertido por mi actitud desafiante, y eso cumple con el propósito de suavizarme un mínimo. No puedo negar cómo el contacto con él siempre me calma, me brinda una paz instantánea cuando no está actuando como un idiota, y pone mi cuerpo y mis sentidos en alerta máxima, incluso cuando me siento así. Aparto mi amargura y dejo que su mejor estado de ánimo se filtre en mí.
—Me hiciste una pregunta abajo. Me preguntaste si te recordaba. —Lo dice suavemente, como lo haría un amante...