Recuerda
Mateo y yo estábamos de pie, lado a lado, y él tomó mi mano, esperando que tuviéramos un tiempo para asimilarlo. Me quedé con la cara en blanco y entumecida, la fatiga controlando mi cuerpo, y lo único en lo que podía concentrarme era en la cálida piel de Mateo contra la mía, y cómo se sentía tan desgarradoramente correcto. Su toque, como siempre, me mataba suavemente.
Ahora estamos todos dentro, sosteniendo tazas de café, excepto yo, que me negué porque quería acostarme horizontal mientras ellos discutían. Necesito un poco de calma y silencio para dejar que todo lo que ha sucedido en los últimos dos días se asiente...