—Shane, a la oficina de dirección— El profesor de educación física no me dejó reprochar, lo miré listo para replicar y me detuvo —No me interesa, vete ahora— lancé el balón de baloncesto con demasiada fuerza a sus manos las cuales lo sostuvieron con sorpresa. Salí de la cancha mientras él soltaba unas amenazas de que no sería nada en esta vida gracias a mi actitud.
Aún tenía mi ropa de deportes, mi cabello caía en punta sobre mi frente gracias al sudor y mi respiración se mantenía agitada, mientras caminaba, los niños y niñas me abrían paso, algunos mirándome con temor, respeto, y otras con curiosidad y risitas tontas,...