Caminé entre la jardinera sintiendo el pasto en mis pies, la casa era hermosa y enorme y no teníamos vecinos que pudiesen molestarse por el ruido.
Cuando pasé junto al rosal que papá le regaló a mamá en su aniversario me maravillé con las flores, eran amarillas. Las rosas amarillas más lindas que había visto, aunque eran las únicas.
De pronto un ruido llamó mi atención. Me escondí tras un gnomo de jardín enorme que sostenía una cesta de flores reales en sus manos de cerámica y en el rosal aparecieron dos figuras, no había luz más que la de la luna y solo veía sus siluetas.
—Bloud, juro por...