Era cierto eso de que el placer nubla, lo supe en el momento en el que acepté otro trato con ese demonio.
La cadena se arrastraba y yo no podía levantar mi cabeza para ver, escuché una fuerte respiración y no quise mirar, mi corazón estaba muy acelerado y estar atada no me servía de nada. Alguien más estaba ahí con nosotros y yo no sabía quién era, eso era lo que me estresaba.
Un manotazo en mi culo me hizo gritar, era Eder, sin dudarlo lo sabía.
-Tranquila caramelito, ¿te negarás a un poco de placer? - su voz era sensual y me invitaba al peligro. Alargó sus brazos...