Dos días ya habían transcurrido desde aquella hermosa y romántica velada a la luz de las velas en la playa, aquel día, era doblemente especial, pues la pelirroja y el rubio magnate se casaban por segunda vez en un país extranjero, y también, era el cumpleaños de Massimo. Aurora jadeó sorprendida al verse al espejo enorme de su habitación; usaba un vestido blanco largo y de diversas capas delgadas, totalmente fresco, suave tela se abrazaba a sus senos y se estiraba hasta su cuello, donde desaparecía, dejándola lucir como una juvenil princesa de cuentos de hadas.
El cabello de fuego de la bella pelirroja, fue recogido en un sencillo peinado...