Aquella noche era diferente. Massimo Bensiali observaba a la luna desde la cama en la que se sentía tan solo. Los grandes ventanales estaban abiertos de par en par, y el aire salino y fresco entraba en libertad. Del otro lado de la mansión, tan alejado como le era posible de ella, Aurora ya debería de estar durmiendo. Estaban recién casados, y siendo ya una pareja de esposos como lo eran, aquella situación se sentía extraña; eran casi como un par de desconocidos, a pesar de conocerse desde toda la vida…pero no había nada que pudiese hacer al respecto, iba a esperarla tal y como le había prometido, aun cuando...