Al día siguiente y pese a amanecer perfectamente acomodados, uno sobre el cuerpo desnudo del otro, Aurora y Massimo se levantaron temprano, desayunaron y recorrieron a pie la isla; durante el mediodía se adentrarían al mar en un recorrido de buceo, admirando tanto flora como fauna marina, tras buscar agotado más de lo que Aurora pretendía, la cena la tomarían en el chalet; al final, Massimo había decidido que era mejor pasar el resto de aquel corto viaje en ese lujoso resort, en lugar de la vieja mansión de los Bensiali en la isla.
La pelirroja suspiró cansadamente mientras esperaba que Massimo saliese de la ducha, se levantó del camastro...