—Cuanto tiempo sin verte, sobrino. Dime, ¿Cómo está mi hermana? — le cuestionó Brunella a Akira, mirándolo despectivamente.
Akira sonrió de medio lado. — Ella está bien, aunque preocupada por usted, tía, después de todo, la gente normal cuando muere, no vuelve a levantarse del pozo en donde se quedan pudriéndose. — respondió suspicaz el rubio bronceado.
Brunella frunció el entrecejo.
—Por supuesto, no lo hacen, ahora dime, ¿Qué te trae por aquí?, dudo mucho que hayas venido a saludar a tu tía a la que siempre despreciaste. — respondió Brunella sin permitirle el paso a su departamento a su sobrino.
—En eso, tienes razón, no estoy aquí por razones...