Aurora admiraba los hermosos paisajes. Habían recorrido durante aproximadamente diez minutos, la terracería de un desconocido camino que se hallaba por una angosta vereda. Luego de un gran rato, llegaban a una planicie, aunque aún no detenían su camino, ya había terminado de oscurecer por completo, la pelirroja observó con las luces del auto un gran y viejo árbol que era rodeado por arbustos y pastos altos.
—¿Hay un nuevo mirador? — preguntó ella y se sintió tonta ante su absurda y desubicada pregunta al recordar las palabras dichas por él, aquel no era un nuevo mirador, sino uno que se encontraba algo oculto.
Ahora que se veía ahí, el...