En aquel paraíso, todos aquellos problemas que los acontecían, parecían haber desaparecido por completo.
—No puedo creerlo. — aseguró Aurora y casi se quedó sin aliento al ver la belleza tropical que cubría todo lo que abarcaba su vista.
Massimo sonrió de medio lado y negó en silencio, se limitó a tomarla de la mano y fascinarse con la capacidad de asombro que su joven amante tenía. Aurora no prestó atención a la forma como Massimo tomaba su mano, acariciando con un par de sus dedos su dedo anular de forma insistente.
La vista de Aurora estaba puesta en el mar, ese mar azul profundo del horizonte y que conforme...