Aquella mañana, Aurora había salido sin despertar a Massimo. Una lluvia ligera aun caía sobre la ciudad después de la tormenta, y los cielos se apreciaban completamente grises. Mirando por la ventana en un sexto piso de aquel hospital, Aurora sentía su mente nublada, completamente nublada, y no lograba pensar con claridad. Estaba allí para realizarse una prueba de sangre, pues en sus pensamientos aun había la esperanza de no estar realmente embarazada…pero en su interior, ya lo sabía…sentía que si lo estaba.
A su alrededor, observaba a varias mujeres con sus abultados y crecidos vientres; algunas de ellas, traían consigo a algún niño o niña acompañándolos. El llanto inconfundible...