Chapter 5 Celebración

Chapter 5 Celebración

Séis días, séis días habían pasado desde su secuestro. El constante movimiento del navío comenzaba a volverse un hastío para Gladys. Comenzó a pensar si alguna vez volvería a reencontrarse con su hermana y su madre, ya poco le importaba su destino nupcial. Aunque no le gustaba pensar en esos extremos, hasta se agradeció de que su secuestrador no le había hecho nada. Pero claro está que ella no esperaría hasta que llegue el momento para poder escapar.

El movimiento del barco cesó por un instante. Gladys se levanta de la cama para así confirmar con los pies al suelo de que se trataba realmente de lo que ella pensaba. Y efectivamente así fue, lo que parecía ser un crucero sádico de su propio secuestrador, se detuvo. ¿Estarían en tierra firme? Se preguntó. Pero antes de idear cualquier plan de escapatoria, alguien golpeaba la puerta de la habitación.

—Señorita, ¿me permite el paso? —exclamó el menor de sus secuestradores, Heather, al otro lado de la puerta.

—¿Y si no lo hago? —replicó ella, pero sin obedecer a su contestación o esperar una respuesta siquiera, el joven había entrado a la habitación trancando la cerradura mientras que traía consigo un vestido con su mano izquierda. Gladys ignoró la presencia de aquél y atinó a decir; —Hemos arribado, ¿no es así?

El joven hizo caso omiso a la pregunta y prosiguió;

—Mi lord me ha ordenado que la prepare para la fiesta. —explicó mientras fundaba el vestido ante sus ojos.

—¿Una fiesta? ¿Y donde será la fiesta? —instó Gladys al ver el vestido mientras era tendido por Heather sobre la cama.

—Pues aquí, señorita. —aclaró el joven mientras se posicionaba junto a Gladys —.¿Alguna otra pregunta?

—No me ha contestado lo que le pregunté, ¿hemos arribado? —insistió.

—Tengo ordenes de mi lord de no darle información que no fuese necesaria. Por lo pronto vamos a dedicarnos a prepararla para esta noche.

—¿Acaso no es información necesaria que sepa si estamos en tierra firme o navegando sobre América?

El joven Heather le dedicó una sonrisa, pero insistió;

—Señorita Gladys, mi lord suele molestarse mucho cuando no se cumplen sus órdenes. Permitame ayudarla con el vestido —dijo aplomo Heather mientras se le acerca a lo que supone que sería ayudarla.

—¡No quiero que me ayudes con mi vestido! —espetó ella apartándose repentinamente.

—Señorita, solo estoy siguiendo órdenes. —volvió a decir.

—¿Órdenes de que? ¿De verme desnuda? ¡No necesito su ayuda!

—Le propondré esto, usted se pondrá el vestido, y me llamará cuando necesite que la ayude con el corsé. ¿Así lo prefiere? —mitigó.

Ella accede y en respuesta mueve la cabeza indicándole un sí. Heather abandona la habitación, sonando la llave de la cerradura al trancarse tras él. Sin lugar a dudar no había otra escapatoria.

Gladys prosiguió a ponerse el vestido, le costó debido a que desde que tenía conocimiento, o al menos desde que comenzó a usar vestidos de esa ímpetu, las sirvientas la habían ayudado. Comprendía entonces la insistente oferta del joven en ayudarla. Cohibida en su vergüenza, llamó a la puerta en ayuda;

—Quizás sí necesite de un poco de ayuda. —suscitó.

El joven volvió a entrar, pero esta vez sin trancar la puerta, acudiendo a ayudar a la damisela. Mientras la ayudaba con el corsé, sus manos rozaron la espalda de la joven Gladys, creando un ambiente tenso. Las mejillas de ambos se enrojecieron, pero ninguno de los dos lograba mirarse. Gladys elevó el pecho hacia el techo para poder entrar en el vestido, y finalmente lo lograron.

El barco comenzó a moverse, de pronto la necesidad de escapar volvió a volcarse en Gladys y a devolverla a la tierra. La desesperación recorrió su cuerpo. La desesperación de que debía escapar, y que este era su momento. Para cuando el joven Heather notó sus intenciones, y su error de no haber asegurado la puerta, Gladys ya estaba echándose a correr atravesando el pasillo. Heather gritó que se detenga, pero claramente ella no lo escucharía. Ese era el momento para escapar, o al menos eso pensó.

—No irá muy lejos. Ya hemos zarpado.—espetó Howard apareciendo sorpresivamente al final del pasillo. —No irá a creer que podía haber escapado, ¿verdad?

Gladys retrocedió unos cuantos pies atrás, hasta que su cuerpo choca con Heather. Acorralada, observa a sus secuestradores y se arrincona contra la pared mientras cierra sus ojos y espera lo peor. Incluso se vaticinó que ésta, habría sido su última jugada. Los brazos de Howard se apoyan contra la pared y puede sentir su respiración muy cerca.

—Termine de alistarse, esta noche vamos a celebrar —le susurró al oído.

''¿Celebrar?'' pensó ella, oyó entonces los pasos de su joven secuestrador de cabellos rubios al alejarse. Se permitió abrir los ojos y encontrarse con Heather a su lado mirándola pasivamente.

—Srta. Gladys. ¿Me acompaña a su habitación? —volvió a retomar la palabra Heather.

Gladys frunce el ceño y se pregunta para sus adentros con que clase de locos estaba tratando. ¿Le habían perdonado la vida después de un intento de escapar? ¿Que clase de malhechores eran estos? Y aunque claramente no habría de preferir estar muerta, incluso notó cierta extrañeza en su reacción. Por unos instantes se permitió el beneficio de la duda, y comenzaba a pensar que no eran tan malas personas, después de todo, la habían estado alimentando durante casi una semana y no le hicieron daño alguno más que privarla de su libertad.

Momentos más tarde, la noche comenzaba a teñir de un azul oscuro las aguas en las que navegaba el gran barco del conde. Heather se acerca para dar el aviso a su amo de que la señorita por la que esperaba esa noche estaba lista.

—Mi lord, la joven Gladys ya está preparada. ¿Desea Ud. que la traiga ahora mismo? —sugirió Heather a unos pasos de la puerta que daba con el salón principal del navío, en donde esperaba Howard dándole sorbos a su copa de vino blanco.

—¿Sabías que su padre aún no se ha manifestado en su mansión? Ni siquiera ha dejado muestras de una futura aparición —contó Howard a su estimado sirviente.

—Quizás no le interese tanto sus hijas como usted piensa mi amo. —convino a decir Heather.

—Oh, claro que no. Sí que le interesan, aunque su cobardía está nublando su accionar. Pero solo hace falta de un poco de presión, sabes como son estas cosas. —agregó el conde.

—¿Que tiene planeado mi lord? —inquirió.

—Por lo pronto festejar, Heather. Traiga a la bella dama, que la velada comience. —ordenó.

Heather busca a Gladys en su camarote, ésta, desconcertada, se echa a andar por los pasillos hasta el salón principal, incómoda, bajo un manto de tela que suponía ser un vestido de fiesta, que le dificultaba el caminar, renqueante, llegó al salón principal. El mayor de sus secuestradores se encontraba sentado al final de una mesa ubicada en el medio, esbozó una sonrisa al verla e hizo un gesto con la mano indicándole que tome asiento.

—Tome asiento, Srta. —indicó el conde, mientras Heather dejaba la silla a su disposición.

—Gracias. —propinó a decir mientras tomaba asiento a la derecha del conde y Heather le acercaba la silla a la mesa —.¿No cenará con nosotros? —instó, tras notar que solo habían dos platos en la mesa.

Heather sin responder, se para detrás de Howard esperando a su merced.

—No se preocupe por Heather, Srta. Gladys. Él desde luego ya ha cenado, pero estará aquí por si necesitamos algo —aclaró Howard.

Gladys vuelve a observar a Heather, en busca de alguna mirada que suscitara comprensión, o que estimara por ayuda, pero solo se encontró con una mirada fría y servil. Como si entre ellos hubiese algo más que un trato de amo y sirviente, como si el conde fuese su dueño, y el sirviente un fiel esclavo. Pero intentó no inmiscuir demasiado sus pensamientos en cosas que no le importaban.

—Heather, traiga la cena. —ordenó el conde. Heather desaparece tras él. —Por lo general me gusta acompañar la comida con vino, ¿a usted que le parece? ¿Un poco inapropiado para la celebración, no?

—¿Que estamos celebrando? —inquirió Gladys, mientras Heather aparecía nuevamente en el salón trayendo dos platos de faisán azado consigo.

—Pues que más, que recibiremos a alguien más en el barco. ¿No suena bien eh?

—¿A alguien más? —replicó ella.

—Sí, Srta. Gladys. A su hermana. ¡Ya no tendrá que extrañarla más!

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