Una vez allí y el carro en movimiento, las lágrimas no dejaban de caer, escuchar aquellas palabras me retrocedían en el tiempo, Bella se parecía a mi abuela más de lo que quería admitir, y por desgracia, el cáncer también me la había robado.
Sentía pena y dolor, quería quedarme allí y calmarla, quería decirle no te rindas porque podrás siempre que quieras, quería simplemente tomarla y protegerla hasta que todo pasara, decirle de una vez por todas que traería a su hijo, le regresaré la alegría y la esperanza, pero sin importar las circunstancias y la noticia que llegara, yo aún no podía decir nada, no una sola palabra....