Dulce Maria traga grueso, y luego fija su mirada en el agarré de Miguel, imposible que su respiración no se agitará ya que frente a ella está el hombre que ama enloquecidamente.
Pero se suelta de su agarré como gesto de rechazó. —no hay nada de que hablar, evitemos problemas.— dijo tajante y camina hacia la salida, pero Miguel no le permite que lo deje hablando a solas, porque la agarra y la carga como un bulto para llevarla hacia la terraza de la clínica
—¡Te pasas Miguel!— patalea muy enfadada, su rostro está enrojecido hasta las orejas
—no me das otra opción, es importante que hablemos
—¡No hay nada...