— ¿Por qué no me respondes? ¿Estás allí? ¡Demonios Cedric responde! ¡Tenemos que hablar! —
La contestadora de su departamento le reproducía un mensaje nuevo que se sumaba a los más de cien que Elara había dejado en su bandeja. El calor de aquel lujoso licor le quemaba agradablemente la garganta, y lo hacía ir y venir entre el entusiasmo, la ira y la depresión.
Cedric sabía que Elianna lo amaba; se negaba a creer otra cosa, y no aceptaría nunca que ella pudiese sentir algo por su hermano…pero, aún así, se sentía devastado al saber que esa mujer que lo había adorado siempre, pasaría a pertenecer a otro.
Para...