Aquella nueva mañana Elianna se sentía de buen humor. Su nuevo y lujoso local, estaba a punto de ser terminado. Dentro de unos meses su línea de ropa sería lanzada oficialmente y todo estaba marchando a la perfección. Esa tarde, tendría que llevar a su regordete gato al veterinario, y después de un buen desayuno estaba lista para comerse al mundo.
Sin embargo, aquella radiante sonrisa se había borrado de su rostro al sentir la vibración de su celular y luego leer el nombre de quién la estaba llamando. Esa era la tercera vez en la mañana que su madre le estaba marcando; seguramente quería hablar con ella sobre las...