Aquella habitación estaba en silencio, y su celular, no había sonado con aquel tono fácilmente reconocible. Los dedos ansiosos chocaban contra el tocador, habían pasado un día completo, y Elianna no se había hecho presente.
¿Acaso no había visto todos los comentarios ofensivos hacia ella? ¿Por qué no le había llamado para disculparse?
Impaciente, Elara se levantó de la silla y se retoco rápidamente el maquillaje. Seguramente Elianna estaba tan devastada ante tantas críticas, que no había salido de su cama en todo el día, pero ella quería sus disculpas, y las obtendría.
La noche había caído, y Elianna admiraba el cielo oscuro de pocas estrellas. Aún no podía creer...