El agradable calor de México y sus hermosos paraísos se iba quedando atrás. Las blancas nubes parecían formar una cama de algodón bajo el avión y las apreciaba desde la ventanilla. Sin dejar de mirarlas, Elianna se imaginaba castillos de hadas sobre ellas, como si el cielo si fuese algún paraíso, pero sabía que aquello no era verdad.
Mirando a su costado, vio a Caleb dormir con los brazos cruzados; habían pasado grandiosos momentos en su luna de miel y estaba evidentemente agotado. Sonriendo, se recargó en el asiento y cerró los ojos por un instante, queriendo abrazar todos esos hermosos recuerdos que llevaba consigo de aquel viaje tan maravilloso…el...