En un elegante restaurante, Héctor Gonzáles buscaba sus anteojos. Parecía haberlos perdido. Y en Afrodita, Elianna platicaba junto a sus curiosas compañeras.
— Pensamos que ya no volverías después de como te trato esa horrible mujer, ¡Que bueno que estás devuelta! —
Elianna sonreía a sus empleadas, o, mejor dicho, a sus compañeras de trabajo. Lo hecho por Elara aquella tarde en su tienda, había escalado a mayores y aún cuando ningún noticiero en la ciudad había reportado su nefasta actitud contra una “simple” empleada, había reventado las redes sociales e incluso se habían armado protestas en contra de Jhonson Corporation por el terrible comportamiento de su hermana.
— Estoy...