El sonido de su auto estacionándose resonó en el silencio esa mañana. Los pensamientos de Elianna estaban hechos un lío, pero no por la razón que la traía a la mansión Jhonson. Aún sentía sus labios ardiendo por aquellos apasionados besos que dio y recibió de Caleb Auritz. Habían pasado la noche juntos sin querer, y luego de besarse el, cortés como siempre, la había dejado en su casa con el hecha en un vilo. Saliendo de su auto, suspiró y negó con la cabeza intentando sacudir esos recuerdos. Había sido llamada por su madre seguramente para hablar el asunto de su herencia retenida, y debía mantener la mente clara...