Chapter 5 ¡QUE HOMBRE MÁS INOPORTUNO!

Chapter 5 ¡QUE HOMBRE MÁS INOPORTUNO!

EMMILY

Con la apertura de mi negocio a punto de ocurrir, he estado tan ocupada y llena de trabajo que no había caído en cuenta de que Bennett volvió de su último viaje anoche. Las cosas en casa sin que él esté han sido muy tranquilas, Janeth ha estado más que dispuesta a ser no solo la degustadora oficial de mi menú, sino también mi ayudante temporal. Dijo que es algo realmente bueno lo que tengo aquí y se siente orgullosa de que lo haya logrado por mí misma. Siento que desde que me ofrecí a ayudar a su nieta su opinión acerca de mí ha cambiado y la tensión que manejamos a diario ha cedido hasta el punto de que ya no me voltea los ojos cuando doy una orden a los otros empleados o me mira con suspicacia. Creo que realmente ha bajado la guardia y se ha dado la oportunidad de conocerme mejor participando activamente en todos mis experimentos. Supongo que empiezo a agradarle un poco, hasta puedo decir que me ha agarrado cariño.

Como era de esperarse, esta mañana tengo la mala fortuna de encontrarme a Bennett en la mesa del desayuno. Está muy tranquilo leyendo el periódico, así que aprovecho que está metido en lo suyo y sigo de largo ignorándolo de manera intencional. Espero que no se fije en mí, ya que he decidido desayunar en la cocina, como suelo hacerlo todos los días de un tiempo para acá, pero no tengo tanta suerte porque, parece que tiene ojos en los lados y al notar mi presencia, levanta la vista y me mira levantando una ceja, como si preguntara en silenciosamente por qué aún no me he sentado en el lugar donde se supone que debo estar. Hago un mohín interno de fastidio porque me molesto solo de pensar que es muy temprano para tener que soportar su habitual mierda.

Me siento en la silla justo a su izquierda, cruzándome de brazos y haciendo pucheros como una niña pequeña. Entretanto, una de las empleadas que ayudan a Janeth con los quehaceres de la casa, empieza a servirnos el desayuno. Lo ignoro por completo y me centro en mi comida la cual pruebo con desgana mientras pienso en lo increíble que resulta el hecho de que después de amar tanto a una persona, su sola presencia te produzca náuseas. «¡Mentirosa!, todavía lo amas», se burla la voz en mi cabeza, una voz que no me da tregua y a la que le blanqueo los ojos tratando de ignorarla, porque es malvada, pero no miente.

Miro por el rabillo del ojo cómo mi muy apuesto y cabron marido dobla el periódico que estaba leyendo y luego de tomar un sorbo de su café, me mira con detenimiento y llama mi nombre para que lo mire:

—Emmily. —Veo su cara de poker y me doy cuenta de que se trae algo que no va a gustarme. «¡Ay, no! No, no quiero hacer esto ahora», pienso mientras gimo molesta—. Hay un asunto un poco delicado del que debemos hablar. —«¡Mierda! ¿Ahora qué es lo que hice para molestar a su majestad?»—. Como bien sabes, he tratado de unificar las empresas de nuestras respectivas familias y convertirlas en un conglomerado poderoso y productivo, pero… —Creo que esta tratando de escoger las palabras que va a decirme a continuación con demasiada cautela para amortiguar el golpe (figurativo) y eso no me gusta ni un poco. Él nunca es tan diplomático o amable conmigo, por lo que empiezo a preocuparme, pero igual comienzo cómo siempre a discutir.

—No sé qué esperas que haga yo, ya te di todo lo que tenía, alma no tengo para darte —lo interrumpo tratando de que me deje en paz.

Me mira con una expresión un poco burlona que me hace temer por lo que sea que va a decirme a continuación.

—No tienes ni idea, querida esposa. —Su sonrisa parece un poco malévola y la verdad es que preferiría no escuchar lo que tiene para decir—. Emmily, debes tener un hijo. —Luego de soltar las palabras, observa detenidamente a la espera de mi reacción, supongo.

—¡¿Qué demonios?!

Espero por su bien que le haya entendido mal o que todo sea una broma de mal gusto, estoy en shock y creo que incluso tengo la boca abierta.

—De preferencia, que el pequeño sea mío —prosigue.

Tengo los ojos muy abiertos y me he quedado sin palabras. No sé si estoy indignada, ofendida o enojada. Tal vez las tres.

Pero siento la sangre subir a mi cabeza y no puedo controlar la ira, así que arremeto contra él lanzándole sobre su traje a medida de 5.000 dólares el vaso de zumo que tengo en las manos, y me levanto decidida a defenderme de su locura con todo lo que tengo.

—¡Es que te volviste totalmente loco, maldito cerdo arrogante! —le grito muy enojada. Bennett tiene una expresión inescrutable en su rostro, ni siquiera parece haberse molestado porque arruiné su traje, de hecho me mira como si viera a una niña en la calle hacer una pataleta—. ¡¿Cómo mierda se te ocurre que expondría a un bebé inocente a esta locura retorcida que es nuestra vida?!

Sonríe y hace un ademán con la mano como si lo que he dicho no fuera nada importante y procede a responder con toda tranquilidad:

—Es culpa de tu querido padre que fue el quien puso una cláusula ridícula para poder unificar las empresas y convertirlas en lo que tanto he deseado estos años. Debemos tener un lazo de sangre, lo que significa que debemos darle a la familia un heredero, cuanto antes, así que tienes dos meses para tomar una decisión, la cual espero que, como siempre, sea la correcta.

Creo que he entrado en la dimensión de locolandia, ¿Estoy delirando o mi marido me acaba de dar un ultimátum acerca de tener un hijo? ¡No lo puedo creer! ¿Cómo puede estar tan sereno con esa media sonrisa diabólica que siempre tiene? Esa malvada y sensual sonrisa que, aunque lo odie con toda mi alma negra, me destruye las bragas sin compasión…

«¡Concéntrate, Emmily! Este hombre es el enemigo, una serpiente malvada… una serpiente muy guapa y sensual que hace que se estremezcan todos los músculos bajos en tu cuerpo».

¡Ay, no!, ahora estoy divagando. Logró su cometido que era desestabilizarme el muy desgraciado.

Mientras yo libro una guerra interna, él se levanta de la mesa como si nada y dice tranquilamente.

—Si me disculpas, ahora debo ir a cambiarme de ropa gracias a tu pequeña rabieta.

Veo su espalda alejarse mientras la indignación crece dentro de mí y siento como las lagrimas comienzan a brotar de mis ojos.

¿Cómo se le ocurre pedirme algo como esto solo para lograr sus objetivos financieros? ¿Hasta dónde puede llegar su ambición para considerar esto como algo normal?

Estoy tan perdida en mis pensamientos que no escucho llegar a Janeth, que trae cara de preocupación. Me dice que escuchó gritos y necesitaba confirmar que estoy bien. Le cuento la locura con la que me salió Bennett y cómo pretende hacer de nuestros hijos un negocio, pero «¿por qué siquiera lo considero y hablo de nuestros supuestos hijos imaginarios?», pienso molesta conmigo misma. Creo que Janeth está bastante sorprendida por lo que su nené querido está haciendo. Tal vez esperaba una discusión por algo trivial como siempre, pero creo que el loco plan de mi esposo la sorprendió bastante.

—Señora Blackstone —dice pensativa.

—Emmily —la corrijo—. Odio que use el apellido del bastardo infeliz para dirigirse a mi.

—Emmily, ¿sería tan descabellado que usted y Bennett tuvieran un hijo?

«¿A dónde rayos quiere llegar?», me pregunto confundida.

La miro arrugando el ceño porque me parece que la señora está jugando con fuego.

—No me malentienda, pero usted siempre estuvo enamorada de él desde que era una chiquilla y…

—¿Y? —No entiendo a dónde quiere llegar con todo eso.

Estoy comenzando a enojarme de nuevo ¿Qué se trae esta mujer?

—Solo digo, que tal vez tener un hijo con Bennett no es una idea tan descabellada, después de todo, usted podría tener lo que siempre soñó, que es estar atada para siempre al amor de su vida y tener una gran familia junto a él.

De verdad que a esta mujer se le aflojaron los cables. ¿Cómo se atreve siquiera a insinuar que yo quiero pasar un minuto más de mi vida con ese bastardo infeliz? Tengo que sacarla de su error.

—Janeth, hace unos años quizá tuve la esperanza de que él me amara y formaramos una familia perfecta y feliz algún día, pero ahora solo quiero terminar con esta farsa —creo.

Me estudia con detenimiento y pregunta mirándome fijamente.

—¿Está segura? ¿Está totalmente segura de que ya no ama a ese hombre y no desea estar con él nunca más? —No sé qué responderle porque mi mente está demasiado revuelta —. Piénselo, señora, al final podría no ser tan malo. —Y con estas palabras se retira ordenándole a la servidumbre que recoja el caos que causé en la mesa.

«¿Podría yo algún día perdonar a Bennett?», me repito esta pregunta varias veces en mi cabeza y no obtengo respuesta porque es algo de lo que ya no estoy completamente segura.

Subo a mi habitación a cambiarme de ropa con las palabras de Janeth en mi mente. ¿De verdad lo odio o solo estoy enojada con él por lo que sucedió hace unos años? ¡Dios! ¿Por qué estoy tan confundida? Hace menos de una hora tenía totalmente claro mi futuro, mis sentimientos y el curso de mi vida. Pero como siempre, el hijo de puta macizo de ojos azules que atormenta mi existencia, con solo unas palabras es capaz de cambiar lo que siento y el curso de mi destino.

No puedo creer que alguien con un corazón dulce y una generosidad incomparable se haya convertido en este monstruo ambicioso y manipulador capaz de cualquier cosa. Entiendo que esté molesto por lo que pasó con Madeleine, pero ¡por favor!, ya pasó mucho tiempo, es un tóxico rencoroso, debería pensar mejor que si ella lo hubiera amado tanto lo habría esperado el tiempo que fuera, ¡era solo un año! Dios sabe que yo habría esperado toda mi maldita vida solo porque él me mirara de la manera en que lo hacía con ella. Habría dado un órgano vital porque él tuviera hacia mí la misma devoción que tenía hacia ella. ¡Ni siquiera habían pasado dos meses de nuestro matrimonio y ella ya se había metido en la cama de Nick!, quien, por cierto, es el primo del supuesto amor de su vida ¿que tan turbio es eso?. Bennett es tan idiota que no se dio cuenta de que tal vez ella no lo amaba de la misma forma en que él lo hacía, pero, no, decidió que yo debía pagar por todo su sufrimiento, cosa que no fue justa, aunque lo mereciera. Y pensar que habría dado mi vida para que él me dejara entrar en su corazón, estaba dispuesta a entregarle mi alma y toda mi devoción y amor. Recuerdo todo esto con lágrimas en los ojos. Entonces, como una epifanía, me percato de que ahí tengo la respuesta a las preguntas que me hizo Janeth.

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