Piper, Lobintia, Canadá
Piper Wood, se sentó en la silla que se encontraba en el balcón, mirando el jardín familiar, casi inmutable fuera del balcón. Ha estado encerrada en esa habitación durante varios días. Durante esos días, trató de escapar innumerables veces, pero cada vez, cada llamada de ayuda conducía a una venganza más trágica que la anterior, por eso había dejado de insistir.
Miraba volar a los pájaros y a las mariposas, cerca de donde ella estaba, si por lo menos pudiera saltar del balcón y escapar de su encierro, pero era inútil, este contaba con una red de seguridad que no podía ni siquiera quitar, eran unos barrotes, como si estuviera en la cárcel.
Unos cuantos pajaritos se acercaron al borde del balcón y ella se acercó a ellos, para acariciarlos, ya estaban acostumbrados a Piper, pues no le tenían miedo y ya no escapaban volando, todo estaba tranquilo a su alrededor.
Pero se escucharon pasos fuera de la habitación y los pajaritos se asustaron y aletearon, atravesaron la red de seguridad del balcón y huyeron como le hubiera gustado a ella hacerlo, ser libre como los pequeños pájaros, que volaron hacia el jardín, aterrorizados, pero libres de todos modos, cosa que no pasaba con ella.
Piper, también se aterrorizó sin poderlo evitar, porque se dio la vuelta encontrándose cara a cara con su raptor, parado detrás de ella, con el que la tenía ahí presa, desde hacía varios días, pero en contra de su voluntad, llevaba poco más de un día sin verlo y eso la había mantenido tranquila, pero sabía que tarde o temprano tenía que volver a seguirle haciendo la vida miserable como desde el momento en que envió a raptarla.
–Hola Piper, ¿Me extrañaste? Mi amor – Le dijo Neal con cinismo – Yo pasé todo este día y medio sin verte, con tu imagen en mi mente.
Piper, sentía un profundo miedo hacia ese hombre, pues en esos pocos días que llevaba secuestrada, Neal Campbell, la encerró, torturó y había abusado de ella, las veces que había querido, y ella ya se había convertido en un pájaro asustadizo, no hablaba para nada, por miedo a ser golpeada. Porque cuando había querido dar su opinión, él usaba todo su poder para hacerla menos, y ella evocaba imágenes muy inquietantes, por lo que guardaba silencio cuando él se le acercaba y además las lesiones causadas por Neal, no le permitían decir palabra.
Y como si le hubiera leído el pensamiento Neal, se inclinó hacía Piper, quien de inmediato se retiró hacía una de las esquinas del balcón, huyendo de los dedos de ese hombre. Quien la miraba de una forma amenazante con el ceño fruncido, y una mirada en verdad muy malvada y eso la asustó mucho más, no tenía por donde escapar, él le bloqueaba el paso.
Y parecía que eso a él, le resultaba muy satisfactorio, le daba placer ver a alguien que le temiera de esa manera, se regocijaba en su poder, pero era un cobarde porque solo lo hacía con los más vulnerables, porque nunca había sido capaz de enfrentarse a alguien de su misma condición física.
– ¿Así es como saludas a tu amado verdugo? – Dijo en tono burlesco – ¿Eso te enseñaron tus padres?
Piper, movió la cabeza hacía otro lado, no quería tener contacto con ese aberrante hombre, con esa basura de ser humano. Ella solo quería ser libre y poder salir de ese lugar lo más pronto posible.
Neal dio un paso hacia donde se encontraba su esquiva víctima y esta se alejó hacia el otro lado, sentía asco y sentía repulsión hacía ese animal salvaje, porque ni siquiera se le podía llamar hombre.
Sentía la vibra maligna en el cuerpo de Neal, era un poder que ella podía sentir incluso si se encontraba fuera de la habitación, podía sentir su ira y rabia.
Piper, trató de escabullirse del camino de Neal, ella quiso agacharse, al sentir más de cerca su cuerpo, tratando de no mirarlo, era como si se estuviera mirando los ojos de medusa, porque sabía que en cuanto lo mirara se convertiría en piedra.
Pero Neal era mucho más alto y más fuerte que ella y la acorraló contra la pared, le tomó la barbilla entre sus dedos e hizo que lo mirara a los ojos. Y ella no quería que le viera el miedo en los suyos, quiso gritar, pero no podía, ni una sola palabra salía de su dolorida garganta, pensaba que se había quedado muda para siempre.
–Aquí no eres nadie, entiéndelo de una vez, grábatelo bien en esa estúpida cabeza, aquí no están tus padres, ni tu hermano, ni ninguno de tus amigos, puedes gritar todo lo que quieras, igual nadie va a venir en tu ayuda, ahórrate los gritos y los golpes en la pared, aquí para todos eres invisible.
Ella no le había dicho a nadie, que se había dañado las cuerdas vocales, de tanto gritar y de que nadie le hiciera caso, las veces que ese animal había abusado violentamente de ella, pues no había vuelto a pronunciar palabra desde la última vez y como no había recibido atención médica, pensaba que nunca más volvería a hablar, pues ya no emitía nada entendible.
Piper, estaba anonadada, sentía que su corazón se le iba a salir por el pecho, y por un momento sintió que sus latidos se detenían, las imágenes volvieron a su mente nuevamente, quería gritar con todas sus fuerzas, pero el dolor y el miedo se lo impedían, porque Neal, sabía qué nervios tocar, por eso se jactaba, de su dominio y poder.
Ella quería saber, porque él la trataba así, qué era lo que había hecho para que Neal, la odiara de esa manera, no había ninguna lógica, que había sido lo que lo había puesto así, por qué la castigaba de esa forma, a ella le parecía que ya era suficiente. A Piper, se le escaparon unos sollozos de los labios con mucho temor, pues sabía que iba a haber represalias.
–No te atrevas a llorar, Piper, que hoy todavía no te he hecho nada, querida mía.
Los ojos de Piper, se abrieron como platos, sacudiendo la cabeza para evitar llorar, y no lo hizo, contuvo las lágrimas, contuvo ese galopar de su pecho, y no lloró. Pues la amenaza de Neal estaba latente y él no se iba a tocar el corazón cuando le pusiera la mano encima.
Tenía tantas ganas de gritarle que la dejara en paz, que ya había quebrado lo más que había querido, pues ya no le podía hacer otra cosa, ya no la podía dañar más.
Y a pesar de que ella no había vuelto a emitir ningún sonido, eso no le importó a Neal y la tomó como bien, le había dado la gana y la arrojó a la cama con rabia como si el solo hecho de mirarla la quisiera matar, pero ella no se iba a dejar esta vez, lucharía, aunque lograra que con eso la matara, que era lo que sentía que él quería.
Aunque se le fuera la vida en ello, se iba a defender hasta las últimas consecuencias, ella se sentía peor que un animal abandonado, pues en todo ese tiempo ninguno de sus familiares habían logrado dar con su paradero y ella llegó a pesar de que su familia nunca más iba a saber de ella.
Pero sus padres y su hermano Cameron, no habían dejado de buscarla desde el día que Neal la raptó. Incluso su padre, Arath, se anduvo moviendo aquí y allá buscando quién le tendiera la mano para conseguir el dinero que adeudaba a Neal, para ofrecérselo a aquel hombre a cambio de volver a ver a su hija, sana y salva.