—Supongo que sí. Ven, antes de comenzar a ver la película te voy a mostrar el estudio, estoy segura de que vas a quedar encantada. Por cierto te queda desde este momento extendida la invitación de venir cuando quieras a mi casa y podemos hacer uso del espacio, juntas.
—No, no quiero ser una invasora de espacio ajeno. Aunque podría venir de vez en cuando para hacer las tareas pendientes. Eso desde mi punto de vista sonaría un poco mejor. ¿No lo crees?
—No seas tonta, que no eres ninguna molestia. No sé hasta cuándo vas a pensar lo mismo, eh —señaló.
La chica se encogió de hombros.
Pronto dejaron...