Lo que más temía era el momento en que alguien entrara y finalmente decidiera su destino. Este instante la torturaba y la llenaba de preocupación. Cerraba los ojos y se imaginaba estar en su apartamento, sana y salva, esperando a su hermana para el almuerzo diario. Su mente estaba llena de pensamientos que le provocaban un dolor punzante en las sienes. Deseaba poder retroceder en el tiempo y tomar decisiones diferentes. Sin embargo, sus deseos ahora eran inútiles.
A duras penas, Elizabeth se levantó y se apoyó en la pared mientras respiraba profundamente. Sentía asfixia por pasar tanto tiempo en la oscuridad y la falta de oxígeno. Temía que en...