Su padre asintió, lastimosamente era así. Y justo cuando el hombre subió su auto para regresar a la compañía, por otro lado Claudia abría la puerta de la habitación y se encontraba con su esposo que había permanecido ahí. Entonces lo abrazó con tantas fuerza que casi le cortaba el oxígeno por completo a su marido, él comenzó a derramar lágrimas, movido por las emociones fuertes, fieras y que estaba arrasando con todo dentro de su ser.
—Cariño, no soy una mala persona, no lo soy —repetía constantemente sin soltarlo y en un intento por calmarla, comenzaba a mover su mano sobre su espalda. Nada era suficiente para que ella...