—Así será. Eres tan hermosa, Valeria. Era una chica tan buena, qué siento no merecerte —exclamó de súbito, acercando una mano a su mejilla, la acarició, Valeria vio que los ojos de su padre se habían cristalizado, y pronto comenzaba a llorar.
—Papá... ¿No sabes lo orgullosa que me siento de tenerte? No dejaré que un momento como el de ayer, arruine todo lo bueno que has hecho por mí, ¿de acuerdo?
Él le volvió a dar un abrazo.
—Soy un idiota, Valeria. Lo soy —seguía diciendo, comenzando a culparse otra vez. Ella lo abrazó más fuerte, porque lo quería demasiado, por lo que también le afectó a mirarlo de...