—Jayda, vamos, cariño, despierta —escucho la voz de Maddox mientras me sacude suavemente.
—Mmmm, no, adiós —murmuro, girando hacia el otro lado, lejos de su voz y metiéndome en mi almohada.
—Jayda... —suspira Maddox.
Lo ignoro.
—Hay comida —dice.
—No me importa, estoy durmiendo, vete —replico, agarrando una almohada cercana y lanzándola en dirección a su voz.
—Está bien —dice, y escucho cómo se va.
Finalmente.
Me hundo más en las almohadas y me relajo.
De repente, mi tranquilo sueño se interrumpe por algo frío y húmedo que me lanzan a la cara.
Salto, tosiendo y limpiándome la cara.
—¿Qué demonios?! —exclamo, mirando mi ropa empapada.
—No te querías despertar...