Los nervios me pueden y mis manos sudan mientras Samantha intenta ajustar el velo corto que irá sujeto al moño desordenado que ha encontrado Sam en una tienda de disfraces, ¿puede haber algo más descabellado? Y un mini vestido blanco con falda en A, coronado con mis zapatos rojos de doce centímetros.
—Estoy lista para la guerra, —me digo con sorna y una ligera sonrisa se filtra en mis labios mientras mi madre termina de difuminar mis ojos.
«Yo, Hannah Hoffman, una mujer sensata y cabal, estoy a punto de casarme en una íntima capilla ubicada en la ciudad del pecado.»
Pero a la mierda el qué dirán, Dariel me...