Siento las extremidades entumecidas y la boca seca. Es como si un tren de carga me hubiese pasado por encima.
Intento abrir mis ojos, pero me cuesta hacerlo.
Pruebo, mover mis brazos y piernas para darme cuenta de que tampoco puedo moverlos con facilidad.
Esto no es bueno.
Es lo último que pienso antes de volver a caer de nuevo presa de la oscuridad.
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No sé cuánto tiempo he estado entrando y saliendo de los efectos de la droga. Abro los ojos lentamente para darme cuenta de dos cosas.
Uno. Estoy encadenada a una silla. Dos, estoy en medio de una bodega.
Muevo brazos y pies. Sin embargo, me...