El pasillo está desierto.
Al parecer, no creían que un grupo de mujeres pudiera contra su matón.
Con las chicas detrás de mí, llegamos hasta donde estábamos antes Gema y yo.
Pero, no detenemos cuando escuchamos pasos y murmullos.
—Lleva a las chicas por el otro lado del almacén y encuentren una salida.
—No voy a dejarte.
—Has lo que te dije —mi tono no permite discusión.
Le tiendo el arma.
—Sé lo que estás haciendo y no lo voy a permitir —sus ojos se llenan de lágrimas e impotencia.
—Sé cuidarme sola —digo —Toma —empujó el arma hasta ella y la coge. —Nos vemos afuera.
—Más te vale —dice...