Golpeo la puerta, pero esta no abre.
Esto tiene que ser una broma, se supone que vendría por Chanel, me iría de aquí y no miraría atrás.
«¿En serio?» Susurra mi cabeza y hago una mueca.
Muevo el pomo, pero es inútil, la cosa no cede.
—Dime, ¿quieres tu filete término medio o hecha?
—¡Ninguna de las dos! —Escupo, enojada, —abre la puerta o vas a ver que soy capaz de hacer.
Él no me mira, en cambio, sigue cocinando.
—Luke, hablo en serio, esto no es divertido.
Me alejo de la puerta y me dejo caer en el sofá antes de cubrirme el rostro con las manos.
Escucho que...