Olivia Damschroder
Trato de pensar del porqué no debo rendirme, disfruto y le expreso también la ansiedad de sus labios. Cedo ante él, no me queda otra opción que corresponder a su ardor. No tengo idea de hacia dónde me lleva, pero cierro los ojos y me arrojo al vacío, sabiendo que me espera la protección de sus brazos. El lugar donde quiero estar para siempre.
–Ven a casa conmigo.
Lo pienso por un segundo.
–No sé.
–Dime que lo harás.
–Mañana a primera hora, tengo que estar en casa, tengo asuntos que atender.
Es imposible negarme, yo también deseo estar con él.
–Te prometo que yo mismo te llevo....