Olivia Damschroder
‒ Ábreme Livy, mi pequeña vejiga de bebé no aguantará si sigues sin abrir, no me hago responsable, si un líquido amarillento entra por debajo de la puerta y empapa toda tu fina alfombra ‒ amenaza y toca un poco más fuerte.
‒ Me dijiste que abriera, abrí y no estabas; vuelve pronto, gracias por participar.
Me gustaba jugarle ese tipo de bromas, sé que la desesperaba, pero con algo me tenía que vengar, por lo menos una de tantas que me ha hecho. Pero al parecer la broma no la estaba tomando con paciencia.
‒ ¡Abre la puerta! ‒ grita de verdad muy desesperada.
¡Uy!
Viendo en...