Olivia Damschroder
–Me gusta lo que estás vistiendo.
–Exclusivo para tu deleite.
–No sigas mujer, sino nunca vamos a comer.
–Vamos antes de que me arrepienta.
–Después voy a disfrutar del postre.
Sus palabras me hacen reír. Da una nalgada que me hace brincar de lo inesperado. Me toma de la mano y nos encaminamos a la cocina. La mesa estaba puesta, los platos servidos, me imagino que lo preparó todo mientras yo dormía. Es el hombre más considerado que se pudo haber cruzado en mi camino. Tomamos los alimentos y platicábamos de todo y de nada en particular.
Entre los dos lavamos y secamos los utensilios que ocupamos. Hacíamos...