Chapter 5 Un quizás

Chapter 5 Un quizás

Karina.

Mi corazón late descontrolado desde que me encerré en mi habitación después de recibir ese beso de Vicenzo. ¿Qué estaba pensando? Fue tan repentino que solo pude reaccionar negativamente.

Lo rechacé por miedo; temo enamorarme de nuevo y terminar con el corazón roto. No lo conozco lo suficiente, no sé cómo es realmente, si le gusto o simplemente busca pasar el rato. Aunque enamorarse a primera vista parezca imposible, Vicenzo me atrajo desde que lo vi, como demuestran estas mariposas revoloteando en mi estómago.

Sigo tocando mis labios, recordando ese breve pero impactante beso.

Al escuchar el timbre, salgo apresuradamente al oír la voz de Angelina, tomando un impulso sorpresivo.

—Es mi novio —suelto de repente—. ¿Hay algún problema, Angelina?.

Vicenzo y yo nos sorprendemos con mis propias palabras. La cara de Angelina muestra confusión, pero luego sonríe.

—¿En serio? —le dice a Vicenzo—. No sabía que tenías nuevo novio.

—No necesitas saber todo de mí —respondo malhumorada.

—¿Puedo pasar? —le pregunta a Vicenzo, quien asiente confuso.

—Claro.

Vicenzo abre la puerta, y Angelina, moviendo sus curvas sensualmente, se sienta en uno de los sofás con una sonrisa pícara en los labios.

—¿Y tú eres? —pregunta Vicenzo—. No te había visto.

Se toma el papel en serio.

—¿Karina no te lo dijo? Soy su hermana menor, Angelina Novikova —le extiende la mano, y Vicenzo, con una sonrisa, la recibe y le besa el dorso.

No sé qué sentí al verlo hacer eso, pero un gran nudo se formó en mi garganta.

—Un placer, Angelina —acaricia el nombre con su acento—. Soy Vicenzo, como ya sabes, el novio de Karina.

Ambos parecen coquetear con las miradas como si en este momento yo no existiera, y es por esta razón que he evitado enamorarme nuevamente, ya que siempre termino excluida.

—¿Qué buscas aquí, Angelina? Sé breve —interrumpo su escena.

—Oh, no seas tan brusca —pone una expresión lastimera—. ¿No ves que estoy preocupada por ti? No quería que malinterpretaras mi relación con Vladimir, tu ex prometido.

—¿Prometido? —Vicenzo me mira con una ceja enarcada.

—Ya no lo es —aclaro, lanzándole una mirada dura a Angelina. Apenas conoce a Vicenzo, y ya quiere jugar sus cartas—. Sabes muy bien que él y yo terminamos por tu culpa, así que guarda cualquier intención que traigas.

—Fue un error, hermana —Angelina se levanta del sofá y toma mis manos entre las suyas—. Sabes que te quiero mucho y no haría nada que te hiciera daño. Solo quiero que estés bien.

—No seas tan cínica —la aparto toscamente—. Eres una hipócrita.

—Karina —interviene Vicenzo—, ¿no crees que estás siendo demasiado dura con ella?.

No quiero sentir esta misma sensación de antes. Me arde el pecho, me siento ansiosa, y solo porque Vicenzo también la defiende como todos, cayendo en su encanto y belleza, dejándose llevar por su perfecto papel de víctima que siempre sabe interpretar delante de todos. "¿Por qué tú también te pones de su lado?".

—Yo... no quise molestarte —se abraza a sí misma, bajando la mirada—. Solo quería saber cómo estabas. Papá y mamá están preocupados, y Vladimir también. Lo siento.

—Dices eso de manera tan despreocupada cuando sabes lo que hiciste —declaro, evidentemente molesta—. ¿Por qué no te vas? No quiero verte de nuevo, ¿o también quieres revolcarte con Vicenzo? ¿Es eso?.

—Karina —Vicenzo me interrumpe de nuevo—, es suficiente. ¿Estás loca? ¿Qué es lo que dices?.

Ignoro a Vicenzo y veo la sonrisa maliciosa que se dibuja en los labios de Angelina al ver cómo Vicenzo la defiende, y eso que ni siquiera la conoce muy bien. Eso me duele, me duele que todo el mundo siempre esté de su parte cuando es la que me hace daño a mí. Ahora incluso Vicenzo.

—Lo siento mucho —Angelina se disculpa de nuevo, casi llorando—. Entiendo que no quieras verme después de ese malentendido, pero quiero que sepas que me preocupo por ti.

—Vete —mascullo—. ¡Vete ahora mismo!.

—Está bien —toma su bolso y luego mira a Vicenzo—. Lamento ser una molestia.

Dicho eso, se marcha. Cuando escucho la puerta cerrarse, caigo desplomada en el sofá, casi llorando, pero por la presencia de Vicenzo a mi lado, me contengo.

—¿Qué sucede contigo? —me reclama—. ¿Te volviste loca?.

—¿Tú qué sabes? —lo miro, dolida—. ¿Por qué la defiendes también?.

—Estabas siendo bastante dura con ella.

—¡Pero tú no sabes nada! —le grito—. ¿Por qué te metes cuando no conoces nada de mí? ¡Tú no eres nadie!.

—Y si no lo soy, ¿por qué dijiste que era tu novio? Fuiste tú la que me metió primero en esto.

No supe cómo excusarme porque, a decir verdad, no fue solo impulso. No quería que Angelina también me lo quitara, pero me equivoqué, porque él sí se fijó en ella. Estaban coqueteando delante de mí como si nada. Pensé que solo lo dije para usarlo y así desistir de casarme con Vladimir, pero lo hice más bien por interés personal.

—Fue solo un impulso —susurré.

—Quiere decir que me usaste —su tono ahora suena molesto—. Me rechazas y luego me usas.

—Tú estabas coqueteando con ella...—mencioné, dolida todavía—. ¿Te gusta también?.

—¿Y si así fuera qué? Dijiste que yo no te gustaba como hombre —recalca, y me duele como si fuera una bofetada seca en mi mejilla—. Y además, tu hermana también es bonita, ¿no puedo ligar con ella?.

—Cállate —musito, sintiendo cómo las lágrimas calientes humedecen mis mejillas—. Después de todo, sigues siendo igual que los demás.

Me levanté del sofá y, limpiando mis mejillas húmedas, hice un ademán de dirigirme a mi habitación, pero inesperadamente los brazos de Vicenzo alrededor de mi cuerpo me detuvieron.

—Oye, lo siento —se disculpa en un susurro—. No quise decir eso.

—Déjame —intento hacer que me suelte, pero tanto en altura como en fuerza, es superior a mí—. Suéltame, Vicenzo, ya tengo suficiente.

—¿Por qué no me dices lo que te pasa? —me gira entre sus brazos para luego posar sus manos en mis mejillas húmedas—. ¿Por qué lloras de repente? ¿Es por mi culpa?.

—¿Te gusta? —evado todas las preguntas, porque lo único que me interesa saber es si él también está interesado en ella—. Dime, Vicenzo, ¿también te gusta mi hermana?.

—No, claro que no —asegura—. ¿De dónde sacas eso?.

—Estabas coqueteando con ella —le recuerdo— y ella también contigo.

—Fue algo tonto que hice para llamar tu atención —explica, uniendo su frente con la mía—. Quería darte celos porque me rechazaste.

—Eres un idiota —espeto, tratando de quitármelo de encima, pero está reacio a soltarme—. Déjame ir ahora mismo, Vicenzo.

—¿Por qué te molesta tanto? Dijiste que yo no te gustaba —recalca, apretando ambas manos alrededor de mis caderas mientras que mis palmas descansan sobre su pecho—. Responde, Karina, ¿acaso sí sentiste celos?.

No sé si responderle con la verdad de que sí me dieron celos, y me llenó de rabia incluso que la defendiera. En tan poco tiempo de conocerlo, me ha gustado, y por primera vez en mi vida quiero sentir una compañía sincera, que sea solo para mí.

Me he sentido tan sola últimamente que con su llegada me siento diferente, emocionada, y puedo decir con certeza que me gusta. Vladimir también me gustó, pero era más un deber gustarme porque tenía que casarme con él por un contrato que un sentimiento profundo.

Aunque sea una atracción lo que siento ahora por esta escasez de cariño que tengo, quisiera que sus ojos solo me miraran a mí por el tiempo en que se va a quedar conmigo.

—Sí —confieso, mirándolo fijamente a los ojos—. Me puse celosa y me molesté cuando hiciste eso con ella.

—Pero dijiste que no te gustaba.

—Mentí, sí me gustas. Dije eso por miedo —bajo la mirada, pero Vicenzo toma mi mentón y la busca de nuevo hasta que la encuentra.

—¿Miedo de qué?.

—De enamorarme de nuevo, y de que termines en los brazos de Angelina así como todos los que me han gustado —respondo, con los ojos de él clavados en mí—. ¿Ahora me entiendes?.

En vez de darme una respuesta con palabras, toma la parte trasera de mi cabeza, me pega contra la pared, y atrapa mis labios en un beso profundo. No tardo en corresponderle de la misma manera, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, sintiendo cómo su cuerpo se une al mío.

Siento cómo el descontrol en mi corazón es inminente al sentir sus labios devorar los míos de manera desesperada. Un hormigueo se apodera de mi estómago, enviando todo tipo de sensaciones estimulantes a mi cuerpo.

Nos separamos unos segundos para vernos a los ojos, y luego me atrapa con más fuerza contra la pared. Dejo que me toque, que me apriete contra él, que desgaste mis labios de tanto besarlos. Me gusta cada cosa que hace conmigo, y sé que no debería estar haciéndolo, pero simplemente quiero dejarme envolver por él.

Mi mano se mueve e intento deslizarla por debajo de su camiseta, pero en ese mismo instante rompo el beso al sentir algo resbaladizo y caliente que moja mi palma.

—¿Qué pasa? —me pregunta él, agitado y confuso—. ¿No te gustó?.

—No es eso —niego con la cabeza—. Creo que estás sangrando.

—¿Qué? —se alza la camiseta y sí, efectivamente su herida se abrió de nuevo y empezó a sangrar—. Mierda, qué inoportuno.

—Vamos a tratarla.

—Pero...

—Podemos seguir después —lo jalo de la mano hacia el sofá—. Iré a buscar el botiquín, espérame.

No solo busqué el botiquín, sino también un recipiente con agua y una toalla para limpiar su herida. Al regresar, él ya se había quitado la camiseta mostrándome sus perfectos músculos.

—Recuéstate en el sofá —le indico, tragando saliva un poco nerviosa.

Hizo lo que le pedí en total silencio. Abro el botiquín y saco las vendas mientras le quito las que están sucias de sangre. Humedezco la toalla y limpio su herida con total delicadeza para que no le duela, y culmino el proceso volviendo a colocarle vendas limpias.

Guardo todo en el botiquín y tomo las vendas sucias de sangre, tirándolas a la basura. Al volver, Vicenzo aún recostado en el sofá, jala de mi muñeca y me inclina hacia él.

—¿Por qué estás roja? —me pregunta, con su tono calmado pero cargado de picardía—. Si ya me has visto desnudo antes, e incluso supiste la talla de mi ropa interior con solo verme el paquete.

Me puse como un tomate porque, a decir verdad, sí le vi esa parte referente al día de ayer. Aunque estaba casi muriendo, su miembro estaba con toda la vitalidad del mundo.

—No digas cosas como esas —evito mirarlo—. Será mejor que permanezcas por un tiempo sin hacer movimientos bruscos hasta que sane tu herida.

—Karina —se incorpora, y acto seguido termino sentada en sus piernas mientras que sus venosos brazos me rodean—. ¿Sabes que este tipo de cosas me joden?.

—¿Qué quieres decir? —lo miro a esos ojos azules que me hacen temblar.

—Quiero decir que el hecho de que te preocupes por mí —toma mi mentón con suavidad, acariciando mis labios con ternura— hace que me enamore de ti. ¿Qué harás cuando eso pase?.

Mi corazón se sacude, y mi piel se eriza. Es tan intenso lo que Vicenzo acciona dentro de mí que siento mi pecho hinchado como una adolescente enamorada.

—No lo sé —respondo por fin—. ¿Acaso no lo estás?.

—Tampoco lo sé —observa mis labios con brevedad, para luego mirarme a los ojos—, pero sí sé que me gustas, quizás eso se convierta en algo más fuerte en un futuro. Quién sabe.

«Futuro» le tengo pavor a esa palabra que te puede transportar a la felicidad o a tu desdicha. Odio que todo quede en manos del destino porque, a veces, suele ser muy cruel.

—Un «quizás» —pronuncio, apartando la cara de él— a eso te refieres.

—Hey —coloca una mano en mi mejilla y me hace mirarlo—. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Quieres contarme?.

—¿Quieres escuchar mi grandiosa historia? —ironizo, recibiendo una mirada seria de su parte.

—He querido saberlo desde el principio, pero lo evades —vocaliza—. ¿Ya puedes decirme? Quizás no cometa el mismo error con tu hermana por ser ignorante de tu situación.

—Adoptada al tener tres meses de nacida porque una pareja no podía tener hijos, echada a un lado cuando un milagro ocurrió y por fin la pareja pudo tener un bebé. Vivir una vida sometida bajo la sombra de mi hermana menor, escasez de cariño y atención. Ver cómo mi hermana me arrebata a todos los hombres de los que me he enamorado, y ahora tener que lidiar con un exnovio acosador, unos padres que quieren usarme para beneficio familiar, y una hermana que sigue queriendo alimentar su complejo de inferioridad quitándome lo poco que tengo —tomo aire después de soltar mi desdicha—. ¿Ahora entiendes por qué actúo así? No es fácil seguir manteniendo una sonrisa cuando tu vida es una mierda.

Observo la expresión de Vicenzo ante mi confesión, y no es para nada apática. Su ceño está fruncido ligeramente, y su mandíbula tensa como si estuviera a punto de estallar de cólera. Acaricio suavemente su mejilla logrando que me mire y su ceño arrugado se suavice.

—¿Qué pasa? Ya te dije lo que querías saber —pronuncio suave. Él toma mi mano y la besa antes de besar mis labios.

—Lo siento —me dice—. No tenía idea de que tuvieras ese tipo de situación con tu familia. Ahora entiendo tu actitud con tu hermana, soy un imbécil.

No le respondí, simplemente rodeé su cuello con mis brazos y lo besé profundamente sintiendo cómo su mano presiona la parte trasera de mi cabeza, insertando su lengua dentro de mi boca. Quería que el beso fuera eterno, y quería que me hiciera suya en este mismo instante, pero por su mala condición física, no podíamos hacerlo.

—Espera —lo detengo, mirándolo sonrojada—. No sigamos, estás en malas condiciones ahora.

—¿Y? —me aprieta contra él, y debajo de mi trasero siento algo duro que me presiona con fuerza— eso no quiere decir que no puedo besarte.

—Es que...

—Si sigues mostrándome ese sonrojo, te voy a follar sin importarme que nuestros cuerpos se manchen con mi propia sangre —sentencia, con sus ojos tintados en lujuria—. ¿Quieres eso?.

—No...—musito, acomodando mi rostro en el hueco de su cuello— es mejor que estés bien antes.

Me abraza manteniéndome pegada a él, besándome el rostro, parte de mi cuello y hombros haciéndome jadear en cada caricia. Es el único límite al que por el momento podemos llegar, pero se siente tan bien que no quiero que termine nunca.

Category
Dark
Set up